La farmacia europea ante el reto de garantizar medicamentos esenciales

El Parlamento Europeo se prepara para dar un paso decisivo en la lucha contra la escasez de medicamentos básicos. El próximo lunes tendrá lugar el debate en el pleno y el martes se someterá a votación la posición de la Eurocámara sobre el refuerzo del suministro y la disponibilidad de fármacos clave —como antibióticos, insulina y vacunas—, una postura que servirá de base para las posteriores negociaciones con el Consejo de la UE.

La votación se apoyará en el informe aprobado por la comisión de Salud Pública en diciembre del año pasado, un documento que pone el acento en dos grandes objetivos: reducir la dependencia europea de proveedores externos y fortalecer la competitividad y resiliencia del sector farmacéutico dentro de la Unión. La iniciativa responde a las tensiones recurrentes en la cadena de suministro, que en los últimos años han provocado desabastecimientos con impacto directo en pacientes y sistemas sanitarios.

El proyecto de reglamento plantea la creación de los denominados “proyectos estratégicos” en la industria farmacéutica europea. Estas iniciativas estarían orientadas a construir nuevas plantas, modernizar instalaciones existentes y mejorar la capacidad productiva de medicamentos considerados esenciales. La intención es asegurar que la Unión Europea cuente con una base industrial suficiente para responder tanto a la demanda cotidiana como a situaciones de crisis sanitaria.

Además, la propuesta introduce medidas para fomentar la contratación pública transfronteriza, facilitando que los Estados miembros colaboren en la compra de medicamentos cuando sea necesario. También se prevé reforzar los mecanismos de coordinación entre países y mejorar las normas para la redistribución de las reservas nacionales, con el fin de evitar que los problemas de suministro en un Estado se traduzcan en faltas prolongadas de medicamentos para los pacientes.

Antecedentes y contexto

En marzo de 2025, la Comisión Europea presentó formalmente una propuesta de reglamento centrada en los medicamentos esenciales, entre ellos antibióticos, insulina, vacunas y tratamientos para enfermedades crónicas. El objetivo principal era reforzar su disponibilidad en el mercado europeo y garantizar un acceso equitativo en todos los Estados miembros. La iniciativa también aborda el problema de determinados medicamentos de interés común que sufren fallos de mercado, lo que desincentiva su producción pese a su importancia sanitaria. Según los datos manejados por las instituciones europeas, más de la mitad de los episodios de escasez de medicamentos en la UE tienen su origen en dificultades de fabricación. Estas incluyen, en muchos casos, la falta de principios activos, un eslabón especialmente vulnerable de la cadena de suministro y frecuentemente localizado fuera de Europa. De ahí que la nueva estrategia apueste por reforzar la autonomía farmacéutica de la Unión, sin renunciar a un mercado abierto, pero con mayor capacidad de respuesta ante interrupciones globales.

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