La escasez de medicamentos continúa agravándose en Europa y ya afecta de forma directa al funcionamiento diario de la farmacia comunitaria y a la atención de millones de pacientes. Así lo refleja el Informe sobre Escasez de Medicamentos 2025 elaborado por el Grupo Farmacéutico de la Unión Europea (PGEU), que advierte de que los problemas de suministro han dejado de ser episodios puntuales para convertirse en una situación crónica dentro del sistema sanitario europeo.
El documento, presentado recientemente en el Parlamento Europeo, recoge datos de 27 países de la Unión Europea y de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC). Según el estudio, el 96% de los países participantes sufre desabastecimientos de medicamentos y siete de cada diez consideran que la situación se mantiene en niveles “inaceptablemente altos”.
Además, en más de un tercio de los Estados analizados existen actualmente más de 600 medicamentos afectados por problemas de suministro, una cifra que evidencia la magnitud del desafío al que se enfrentan tanto las autoridades sanitarias como las oficinas de farmacia.
Los medicamentos críticos, entre los más afectados
La preocupación aumenta porque la escasez impacta cada vez más en tratamientos considerados esenciales. Entre los fármacos con mayores problemas de disponibilidad figuran medicamentos cardiovasculares, antibióticos, tratamientos oncológicos, insulinas y fármacos para enfermedades neurológicas.
El informe destaca que muchos de los medicamentos afectados están incluidos en las listas europeas y nacionales de terapias críticas, lo que demuestra la vulnerabilidad actual de la cadena de suministro farmacéutica.
Pacientes con tratamientos interrumpidos y pérdida de confianza
Las consecuencias no solo afectan al sistema sanitario, sino también a los pacientes. Todos los países participantes reconocen que los desabastecimientos están generando retrasos, cambios de tratamiento y dificultades para acceder a la medicación prescrita.
Casi el 90% de los países informa de interrupciones terapéuticas y los farmacéuticos alertan de un fenómeno cada vez más preocupante: la pérdida de confianza de los ciudadanos tanto en los medicamentos como en la capacidad del sistema sanitario para garantizar el acceso a los tratamientos.
A ello se suman problemas derivados de los cambios terapéuticos, incremento de costes para algunos pacientes y mayor riesgo de errores de medicación.
La farmacia comunitaria asume la mayor presión
El informe de la PGEU pone especialmente el foco en el papel de la farmacia comunitaria, que se ha convertido en el principal punto de contención frente a los fallos de suministro.
Las farmacias dedican actualmente una media de 12 horas semanales a gestionar incidencias relacionadas con medicamentos no disponibles, más del doble que hace cinco años. Este tiempo se invierte en localizar alternativas, contactar con médicos, informar a pacientes y realizar tareas administrativas adicionales.
Además, el 81% de los países reconoce que las farmacias están soportando un aumento considerable de la carga burocrática y pérdidas económicas derivadas de la gestión de las escaseces.
La PGEU reclama medidas urgentes
Desde la organización europea insisten en que Europa debe abandonar el modelo reactivo actual y apostar por sistemas preventivos capaces de anticipar problemas de abastecimiento.
Entre las medidas propuestas destacan el fortalecimiento de la producción farmacéutica europea, la diversificación de fabricantes, la creación de sistemas de alerta temprana y una mejor coordinación entre los Estados miembros.
La PGEU también reclama más capacidad de actuación para los farmacéuticos. Actualmente, solo un pequeño porcentaje de países permite la sustitución terapéutica por parte de la farmacia cuando un medicamento no está disponible, una limitación que dificulta garantizar la continuidad de los tratamientos.
Un reto clave para la sanidad europea
La organización concluye que la escasez de medicamentos representa uno de los grandes desafíos sanitarios de Europa y advierte de que garantizar el acceso equitativo a terapias esenciales debe convertirse en una prioridad estratégica para todos los países.
El objetivo, subraya el informe, no puede limitarse a gestionar los desabastecimientos cuando aparecen, sino a prevenirlos antes de que afecten a pacientes y profesionales sanitarios.
